Odell también ya estaba preparado para el viaje. Su maleta estaba hecha justo al lado del sofá.
Sylvia puso su maleta junto a la de él y lo saludó con una brillante sonrisa:
—Buenos días.
Odell se volvió hacia ella y murmuró:
—Hola, buenos días.
Luego, dejó el periódico y se levantó de su sofá para acercarse a ella. Apoyó una gran palma sobre su cabeza y le hizo señas:
—Vamos, desayunemos.
Sylvia fue a la mesa del comedor con él.
La idea de que se dirigiría a Glanchester para b