Odell luego entró.
Sylvia estaba de espaldas a él. Cuando sintió que se acercaba a ella, le preguntó:
—¿Puedes ayudarme con la cremallera?
El hombre se quedó en silencio por un momento y levantó la mano para tirar de la cremallera de su espalda. Las cálidas yemas de sus dedos rozaron su piel, y los nervios de Sylvia se estremecieron sin explicación, haciendo que su espalda se entumeciera.
Antes de que pudiera volver a sus sentidos, sonó un fuerte desgarro.
Su pecho instantáneamente se