A la mañana siguiente, Sylvia se dirigió a la habitación de los niños con una bolsa.
Dentro de la bolsa estaban los documentos de los niños, tía Tonya y los suyos propios.
Isabel y Liam acababan de despertarse, sus ojos seguían hinchados y borrosos.
La niña notó la bolsa en su madre. Su madre solo tomaba la bolsa cuando salían a jugar. Sus ojos se abrieron de emoción y se llenaron de energía.
—Mami, ¿dónde vamos a jugar hoy?
Sylvia acarició la cabeza de la niña. Ella dijo con una sonr