Después de pagar la cuenta, Sylvia cogió su abrigo y caminó hacia afuera.
Thomas la siguió.
De repente, ella sintió el roce sensual de un dedo deslizándose sobre su cara. Sylvia se sobresaltó y miró sorprendida a Thomas.
Thomas volvió a tocarle la cara y esta vez le dijo con una voz monótona: "Tienes la cara muy roja. ¿Tienes fiebre?".
Sylvia balbuceó: "Estoy bien. Quizá es por comer tanto picante".
Thomas la miró con recelo. "Entonces, no comas cosas tan picantes la próxima vez".