Tara lo miró expectante.
Era como si un cuchillo se clavara en su conciencia. Aquella débil mujer había iluminado su oscura juventud y lo había acompañado en sus días más difíciles.
Quiso ir a por Sylvia y darle una lección. Sin embargo, reprimió rápidamente el impulso.
Prometió que no volvería a entristecer a Tara. También le dijo que se quedaría con ella toda la vida. Le tendió la mano para secarle las lágrimas y le preguntó: "¿Qué quieres comer esta noche? Te acompaño".
Los ojos de Tara s