Odell levantó las cejas y miró hacia ella con un aire de arrogancia. "Deberías sentirte honrada de que te dedique tiempo para ver tu cuadro".
Sylvia tuvo que contener las ganas de poner los ojos en blanco ante aquel comentario. "Dejaré que Tara tenga ese honor".
Tras decir esto, metió el lienzo y el pincel en la tienda.
Odell estaba de un humor especialmente decente. Quizá se debiera al buen tiempo y también a que había conseguido robarle varias miradas a Sylvia en medio de su proceso d