Isabel simplemente no podía quitarle los ojos de encima a Caprice.
Llegó un punto en el que Caprice se sintió avergonzada por haber sido observada durante tanto tiempo. Su rostro se puso rojo mientras evitaba la mirada penetrante de Isabel.
—Deja de mirarme así.
—Jaja, está bien. Isabel se rio y reprimió el impulso de buscar más. De repente señaló la ventana.
—Caprice, párate ahí junto a la ventana. Déjame tomarte una foto.
—¿Por qué quieres tomarme una foto?
—No tengo fotos