Al frente estaban Caprice, Isabel, Flint y Queenie, mostrando con confianza y orgullo hileras de dientes blancos, creando una escena pintoresca que el fotógrafo capturó hábilmente con un clic: un momento destinado a ser apreciado eternamente.
Dieciséis años después, en Westchester, en la vibrante atmósfera de un club nocturno de una ciudad universitaria. Caprice, adornada con un elegante vestido rojo que acentuaba su cintura, sostenía una botella de cerveza y bebía de vez en cuando.
A pesar