Sus delgados labios se movieron y dijeron:
—Me equivoqué. Fue mi error culparte.
La ira de Sherry se encendió ante sus palabras. Ella perdió el control de sus emociones y gritó:
—¡No quiero escuchar nada de esto! ¡Apártate de mi vista!
Incluso después de su arrebato, John no mostró ninguna intención de irse.
Sherry lo empujó, intentando apartarlo, pero él la agarró de la muñeca y la abrazó, abrazándola con fuerza.
Luchó vigorosamente, sintiendo como si mil agujas la perforaran. La i