Un tenso silencio se instaló sobre la mesa y nadie sabía lo que decir.
Ron y Anne parecían visiblemente incómodos por la reciente conversación, y la incomodidad pareció extenderse a los demás presentes, incluida Madame Sager.
Madame Sager, en particular, mostró su disgusto frunciendo el ceño con tanta intensidad que en su rostro se formaron arrugas como papel arrugado. De repente, hizo a un lado la vajilla y declaró con firmeza:
—Ya estoy llena.
Al presenciar esto, Anne se acercó rápid