John la miró entrecerrando los ojos.
—¿Por qué te ríes?
Sentada en el suelo, Sherry miraba fijamente al cielo y fruncía los labios.
—Me estoy riendo de mí mismo.
John, desconcertado, preguntó:
—¿Por qué?
—Me estoy riendo de mí mismo por ser un idiota. Jajaja. Como si sus palabras desencadenaran algo divertido, no pudo reprimir la risa y sus hombros temblaron de alegría.
Cuanto más se reía, más desquiciada parecía.
El hombre hizo una pausa y la miró fríamente.
—Sherry, ¿cuá