John sacó un pañuelo para secar las lágrimas y los mocos del rostro de Caprice. Luego, su mirada se detuvo en el pecho de Sherry.
Sonrojándose, Sherry preguntó:
—¿Qué estás mirando?
John sonrió con picardía y entrecerró los ojos.
—¿Quieres que te lo limpie?
El llanto de Caprice había dejado huellas en el pecho de Sherry.
Sherry lo miró fijamente y declinó:
—¡No, gracias! —Luego llevó a Caprice al coche.
John se rio entre dientes y los siguió al interior.
Queenie observó el pe