Sherry quedó asombrada.
El dolor dentro de ella creció, y justo cuando estaba a punto de contraatacar con un puñetazo, él le tomó la mano y le susurró suavemente al oído:
—Confía en mí. Esta vez, lo haré bien.
La mirada de Sherry vaciló y la mezcla de dolor e ira se disipó.
¿Cómo podía tener tanta confianza?
¿Podría haberse equivocado?
Sherry permaneció dubitativa y bajó la voz hasta convertirla en un susurro:
—Si cometes un error esta vez, te morderé hasta la muerte.
John le d