Cuando el reloj dio las diez, Sherry caminó, mostrando poco interés en mirar a John.
Simultáneamente, cuando Sherry salió al patio, John entró en la habitación.
La luz de la luna iluminaba su rostro a través de los cristales de sus gafas, enmascarando las emociones ocultas bajo su exterior.
Sin demora, se aventuró al patio. De repente, un par de brazos lo abrazaron por detrás.
—John, ¿te vas? —La voz pertenecía a Shannon. Ella se apretó contra su espalda, su tono cálido e invitador.
El