Sylvia bajó con Odell al salón.
La comida ya estaba preparada y los platos estaban siendo servidos cuando bajaron.
La tía Tonya se acercó y preguntó:
—Syl, ¿recordaste todo?
Sylvia le sonrió.
—Sí, me acordé de todo.
—¡Excelente, gracias a Dios! —La tía Tonya lloró de emoción—. Ven, ven y toma asiento. No has comido nada en un día entero. Odell tampoco durmió. Siéntate y come, y podrás descansar bien.
Sylvia miró sorprendida al hombre a su lado. Parecía tan helado como siempre, y c