Capítulo 79: Tener miedo

Me alejo de la mirada de Helmut, porque siento que no puedo permitirme flaquear por unas palabras dulces que, aunque me reconfortan al pensar que no estaría en un ataúd sola, me angustian porque mis hijos si lo estarían.

 — Por favor, no hables así, hay no somos solo tú y yo, si no, los niños. Ellos nos necesitan y si uno de los dos falla, debería el padre que queda ser ese respaldo que tendría con los dos.

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