Siete años después
Helmut miraba cada foto en su escritorio. Nuevamente tenía el mismo resultado; no era ella. Siete años habían pasado y él no había dejado de buscar a Aitana. Había tenido que seguir con su vida, pero, nunca la había borrado de su mente.
— No es ella. Ninguna de ella lo es — dice Helmut molesto y frustrado.
— Señor, deberíamos detenernos, quizás ella esta… —
— No puede estar muerta. Ella no está muerta — dice Helmut de inmediato.
— Déjela ir, quizás fue mejor así. Después