-¿Fue ella cierto?
¡Ella se lo pidió!
¡La maldita gorda!
¡Ella le pidió que no trabajara conmigo!
Suspiré y borré la sonrisa de mi rostro, en cambio tensé la mandíbula y la miré con desprecio.
-Nadie le ha pedido nada al señor Keller, señorita Gen, esta decisión fue tomada por el señor Keller.
Y le agradecería de manera muy educada que se refiera a mi cuñada, la señora Emma Keller con más respeto.
Emma no tiene nada qué ver con la decisión que el señor Keller tomó, los asuntos de negocios