Lo vi dudar, al final aceptó.
-Está bien, lo haré...
Pero estás segura de que...
-No vas a causarme problemas, tranquilo.
-¿Y a dónde iremos?
-A Suiza, aún no sé exactamente a qué ciudad, pero te informaré diez días antes, agenda un espacio para que no me quedes mal.
¿Está bien?
No me decepciones Adam.
-Cuenta con ello.
No te decepcionaré.
Su rostro se suavizó y yo sonreí.
-Gracias.
-¿Por qué?
-Por hacer un esfuerzo por mí y por este matrimonio.
-Lo hago porque te amo Emma, te amo y no quiero perderte, no quiero arruinar nuestro matrimonio.
-Entonces no lo hagas, hay que esforzarnos, empezamos con el pie izquierdo pero podemos mejorar.
Adam se levantó de su silla y fue hasta mí, me besó y le correspondí.
Lo coloqué sobre mis piernas y lo atraje hacia mí, lo besé desesperadamente y metí mi lengua en su garganta, húmeda, cálida, ya sé, van a decir que no tengo dignidad, pero lo amo, amo estar con él.
Lo llevé hasta nuestra recámara y lo ayudé a desvestirse, más bien a a