La gente simplemente comenzó a llegar y eso me pareció muy extraño, a mi pastelería le iba bien, pero esto era demasiado, horneé como una loca hasta que la gente terminó por irse, pasaban de las ocho cuando cerré el lugar para esperar a Helen, le abriría cuando tocara el cristal de la puerta, tuve que hacerlo o así o la gente no se iría.
¡TOC, TOC!
Me asomé y vi que era Helen quien tocaba, abrí y ella corrió a abrazarme.
-¡Helen!
-¡Emma!
Bienvenida a su pastelería señora Keller.
-¡Cállate!