A pesar de su evidente gordura, la chica era muy bonita, menos mal que Adam no había ido a la fiesta, si no, se habría enamorado de ella, no es que me interese o me guste Adam, pero verla así de hermosa, hizo que mi espíritu competitivo saliera a flote, ninguna chica y mucho menos una gorda me quitaría lo que era mío.
-Mamá, dijiste que no vendría, dijiste que nadie le diseñaría un vestido.
-¿Y acaso ese es un vestido de diseñador?
-Probablemente se lo compraron en una tienda de segunda mano,