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Miré a la madre de Emma con un inmenso deseo de arrancarle la cabeza.
Mis hermanos se reían de lo que decía.
-Señora Smith, ¿por qué habla así de Emma?
Con todo respeto, no creo que deba expresarse así de su propia hija y dudo mucho que ella sólo se la pase comiendo o pensando en comida.
-Andrea, hermosa... Sé que te agrada Emma y sé que eres muy amable y empática, pero mírate hija.
Eres hermosa, tu cuerpo es perfecto, tus modales, todo en ti lo es, pero... Ay... Mi Emma no tiene esa su