Mi cabeza da vueltas sin mi consentimiento y mi cuerpo se sigue sintiendo pesado aun reposando en mi cama. Debía comenzar a ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío, por lo tanto, debía acotar que la inquietante presencia de Lemuel nos había dejado a Leo y a mí a solas.
—Bebe de este té, te hará bien — ofrece mi esposo sentado a mi lado con una taza humeante de algo que ciertamente no quiero beber.
—Estoy bien así. Si meto algo más a mi estómago dudo que permanezca allí por mucho tiempo