Lucca sirvió un chorro de vino en el fondo de un vaso ovalado y juntos lo olieron sin pensar en nada más que conocer el producto. Cuando ella se percató, la punta de su nariz chocaba con la de él.
Ella alzó los ojos y se rieron los dos, coquetos y tímidos; y, cuando se vieron a los ojos, tuvieron que olvidar el vaso y el oloroso vino para besarse apasionadamente en los labios.
Lucca dejó reposar el vaso sobre uno de los mesones metálicos a su lado y recibió a la cariñosa joven entre sus abrazos