El camino de la joven pareja se dividió cuando la jornada laboral terminó. Los dos disimularon y no se volvieron a mirar hasta que ella caminó junto a su coche moderno y le ofreció una agraciada sonrisa, la que también le entregó a Lidia.
La mujer, quien ya estaba enterada de sus planes y sospechaba de algo más, le miró con los ojos entrecerrados y frunció los labios cuando vio a Lucca no darle importancia a su secretaria.
—¿Todo está bien? —preguntó Lidia y se subió al coche apurada cuando Luc