Por breves segundos, se arrepintió de aceptar, pero cuando se encontró con sus ojos azules y profundos, sintió tranquilidad y confianza.
—Me encantaría que pudiéramos conversar, pero debemos mantener la distancia aquí y mostrarle a Lidia que nada ocurre entre nosotros —dijo Lucca sin dejar de sostener su mano.
Margarita estaba idiotizada. La calidez de su cuerpo era la más increíble que había probado nunca. El hombre poseía un roce delicado, apenas imperceptible, pero que la hacía sentir más co