—¿Perdón?
—Mira.
Nidia siguió la dirección de su mirada.
Y entonces lo vio.
Dos niñas pelirrojas sentadas frente a una pequeña mesa en el parque cercano. Entre ellas, un tablero de ajedrez.
Desde la distancia parecían concentradas. Serias. Demasiado serias para su edad.
Nidia parpadeó.