Capítulo 24
No eran solo de Alexander.

Había algo más.

La forma en que las miradas se endurecían al concentrarse. La manera en que sostenían el contacto visual sin vacilar.

Eso también era suyo.

Helen sintió que el aire se volvía escaso.

—¿Estás bien? —preguntó Amelia.

Helen parpadeó.

—Sí.

Abigail la
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