—Y aquí estás tú —añadió la niña, señalando otra figura, con un trazo más firme, como si hubiera querido hacerlo especial.
Marcia no pudo evitar sonreír.
—¿También estoy en la casa?
Amelia la miró como si la pregunta no tuviera sentido.
—¡Claro! Eres nuestra abuela.
La naturalidad con la que lo