Y no pasaron desapercibidos.
—Debo decir… —comenzó él, con una leve sonrisa—. Que es usted una paciente… bastante llamativa.
Ailen parpadeó.
Sorprendida.
Pero no incómoda.
Al contrario.
Sus mejillas adquirieron un leve tono rosado.
—Doctor… —murmuró, bajando ligeramente la mirada.
El hombre