Vivian
El cambio —o mejor dicho, el regreso— del CEO arrogante y frío fue perceptible en los días que siguieron a aquella noche en que Eduardo, borracho, había mostrado su vulnerabilidad. Durante algunas horas, llegó a creer que había fisuras en esa armadura de arrogancia, y eso, contra toda lógica, la había conmovido.
Ahora él también evitaba cualquier contacto, se despertaba mucho antes que ella, salía de casa aún de madrugada y volvía tarde, siempre con el rostro cansado y la mirada distante