“Boletos y reservas confirmados. Chofer avisado. ¿Algo más, señor Blackwood?”
Envié y esperé, pero no respondió.
Apagué el ordenador. Me puse el abrigo. Miré el reloj: 18:32. Todavía faltaban horas para salir hacia el aeropuerto, pero ya no había nada que hacer en la oficina. Ni cena italiana. Ni vi