Nos separamos despacio. El sonido húmedo de nuestros labios al despegarse quedó flotando en el aire viciado del Bentley. Sebastián me miró con esos ojos grises que siempre parecían medir cada centímetro de mí.
—Así está bien —dijo con voz ronca—. No demasiado intenso.
Asentí y me limpié discretame