Capítulo 66
La luz de la mañana entraba tímida por las rendijas de las persianas del dormitorio principal, rayas doradas que se deslizaban sobre las sábanas y terminaban enredándose en el pelo revuelto de Sebastián. Abrí los ojos despacio, todavía envuelta en esa sensación extraña y deliciosa de haber dormido s