—Era él.
La respuesta fue inmediata.
—Era intentar salvarlo. Era… no saber cómo decir que no. Era pensar que si yo no estaba, se iba a morir.
Se le quebró la voz.
—Y se murió igual.
—Sé que lo que digo no suena creíble —añadió después—. Lo sé.
Me miró directamente.
—Pero es verdad. No lo hacía porqu