Una niña pequeña, con un poco de todos nosotros… pero quizá más de mí de lo que esperaba.
Mi madre se acercó a Sebastián un poco más y le dio una suave palmada en el hombro.
—Lo importante no es qué sea —dijo—. Es que ya la estás esperando.
Sebastián asintió lentamente y no dijo nada más.
Salimo