Capítulo 26. No es una tregua.
Ivette abrazó a Diana mientras veía la luces de la camioneta de Samuel perderse en la oscuridad. La niña estaba aferrada a ella de miedo, su padre había gritado sus instrucciones exasperado por el llanto de la pequeña. Después las abandonó en ese lugar en el medio del bosque con comida y agua para unos días.
―No soy un asesino de niños, Ivette, no mataré a mi propia hija, esa es la única razón por lo que sigues viva. En la mañana llenaras esta mochila ―ordenó señalándola el bolso que estaba en