Su mirada se tornó suave. “De acuerdo, no lo haré. Pero, ¿entiendes lo que digo, cierto?”.
“La única co-cosa que entiendo es que me estás tocando voluntariamente. Y te estás a-agachando ante mí y tienes una parte de mí, su-sucia y llena de cicatrices en tus manos reales. Y me estás echando”.
“Ninguna parte de ti está sucia, Vetta. No para mí”. Terminó con sus piernas y las soltó.
Ella se secó las lágrimas, mirando sus feas piernas. “Jamás podré ser Anarieveta. Cone se aseguró de eso. No sabe