“Te libero de ser mi amante, Vetta. Y a partir de hoy, serás libre”.
Vetta se quedó mirando al Rey Lucien. Le costaba entender las palabras que decía.
“¿Q-Qué?”. Seguramente, no lo escuchó bien. Son esos recuerdos de nuevo atormentándola y bloqueando sus oídos, concluyó.
Pero sus ojos... Esa culpa seguía allí. Ese remordimiento. Y también una nueva mirada.
“A partir de ahora, ya no serás mi amante, Vetta. Te dejo ir”.
“¿Me-me estás echando?”. Le resultaba difícil de creer. Apenas podía