“Por favor, Lu-Lucien. Déjame entrar... En lugar de apartarme, ¿por qué no me dejas entrar? ¿Es por el estado de la señora? ¿Quieres liberarla? ¿Es algo que hice mal?”. Suplicó.
Él se apartó de ella. “Déjame en paz”. Le ordenó con frialdad.
Nunca una frase había dolido tanto como esas tres frías palabras que le dijo el rey. Danika dejo caer su mano con impotencia.
“Está bien. Te dejaré en paz”. Se rindió con voz suave, pero apenada. ¿Qué le sucede?
Se dio la vuelta para marcharse...
Él