“No puedo, Danika. ¿Qué hay del bebé?”. Apoyando su frente en la de ella, gimió con voz afligida.
“No, sí puedes, mi rey. Por favor, quiero volver a sentirte”. Su tono era tímido, pero también apasionado.
“No puedo ser delicado. No sé cómo serlo. No quiero lastimar a nuestro hijo”. Frotando su abultada erección en el sensible clítoris de ella repetidamente, su respiración era agitada. Intentaba frenar el control de forma desesperada.
Ella abrió los ojos, tan nublados por el deseo hacia él,