“Calma. Te va a dar una indigestión”. La voz profunda del rey sonó.
Danika se giró con la boca llena de espaguetis y la salsa de tomate goteando de su boca y miró al rey con miedo y mortificación. Parecía un gato atrapado en una trampa.
Soltó el plato de comida como si le quemara y se levantó de la silla de un salto. El rápido movimiento le nubló la vista, una ola de mareo la golpeó.
Perdió el equilibrio. Unas manos fuertes la sujetaron de inmediato, estabilizándola.
“No estás totalmente