“Ven y siéntate conmigo. No quiero comer solo. No quiero que te vayas”.
Danika se giró hacia él al escuchar su profunda voz, su corazón dio un salto mortal.
Él no quería que se fuera. Quería que se quedará con él.
“Como desee, su Alteza”. Contestó con voz ronca.
Volvió a la mesa del comedor y se sentó a su lado. Él revolvió el caldo que tenía delante, tomándolo y llevándoselo a la boca.
Ella lo observó comer, guardando silencio porque sabía lo mucho que a él le gustaba el silencio. Ella