"¿Mi Rey...?", ella susurró.
"Mmh". Él no abrió los ojos.
Ella vaciló: "¿Puedo acariciar tu cabello...?".
Hubo un silencio. "Sí, puedes".
Su mano izquierda aún sostenía la de él, por lo que envolvió la otra mano en su cabello y comenzó a acariciarlo suavemente y sin parar.
Miraban el río frente a ellos, mientras pensaban en la pequeña distancia que los separaba. Ella no se había recuperado de la larga noche que pasó en sus brazos, pero su cuerpo dolorido aún anhelaba el de él.
Si vol