Capítulo 59. Dolorosa verdad.
Ader sintió como si su mundo se hubiera detenido. La posibilidad de perder a su hijo y a la mujer que amaba lo aterrorizaba. Miró a todos, buscando alguna señal de esperanza, pero lo que encontró en sus ojos era el mismo miedo que sentía él.
Se aferró al teléfono con fuerza, hasta que sus nudillos se pusieron blancos, como si pudiera encontrar alguna respuesta allí.
—¿Y los demás? —preguntó Loras con preocupación.
—No tenemos información precisa, señor Loras. La policía, junto con el cuerpo de