Capítulo 44. Hombre rabioso.
“¡Oh por Dios! ¡Es mi hijo!”, exclamó en su interior, sentía una opresión en el pecho y no podía respirar.
—Tu mamá, estará bien… te lo prometo.
—¿No nos echará? —interrogó nervioso y con los ojos aguarapados producto de las lágrimas que pugnaban por salir, Ader negó con la cabeza.
—¿Por qué huyeron?
—Mi papá, siempre golpea a mamá, y hoy la encerró en la habitación… desnuda y con el aire a temperatura muy bajo… tenía miedo que terminara matándola—dijo el niño con un sollozo.
Al oírlo hablar, e