Capítulo 11

Él se sienta sobre el sillón y me susurra que me suba sobre él. Asiento como una niña obediente. Camino hacia él, flexiono un poco las piernas. Mis ojos no se separan de los suyos. Nuestro deseo es inmenso, inexplicable, lujurioso, ardiente y pasional.

Un estremecimiento me recorre el cuerpo al sentir como posa ambas manos en mi cadera y de un fuerte golpe me penetra.

—Aaahhh… —grito del placer. Mis pezones están duros

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