73. No está muerto
Gio
Salí del cuarto de Martha por segunda vez consecutiva aturdido y empalmado como un quinceañero, no necesitaba estas cosas, Isolda se asomó por la puerta de su habitación.
—¿Todo bien? — preguntó cuando pasé por el frente de su puerta.
Di un corto asentimiento apenas perceptible y seguí a mi habitación, venía de la cocina cuando escuché el grito de Martha, lo menos que había pensado era que estuviera tocándose, todo el maldito cuarto olía a sexo, a su sexo. Sólo recordarlo me dan ganas de de