29. Apuesta ganada
Volteamos a ver que hacían ese par de idiotas, momentáneamente los disparos se habían pausado.
—¡Ahora! —dije apretando el acelerador.
Filippo bajo lo suficiente el vidrio del auto para pasar el arma por mi ventana y comenzar a disparar mientras los tiradores trataban de emparejarnos acelerando al máximo que era lo que yo quería, estaban tan enfocados en alcanzarnos que de pleno se les olvidó disparar, bajé más el vidrio y disparé a los neumáticos, iban a alta velocidad y no pudieron evitar der