Anabela despertó al sonido de Emma llorando otra vez, la cuarta vez esa noche, y por un momento desorientado olvidó dónde estaba hasta que vio las paredes de madera de la habitación y recordó que estaban escondidas en medio de las montañas esperando que el FBI capturara a un psicópata que quería hacerle daño a sus hijas.
Se levantó arrastrando los pies hacia donde Emma estaba, había aprendido a gatear hasta las barras de su cuna y estaba parada agarrándos